Un decálogo…

Hace unos 6 o 7 años en “Todo en Domingo” revista del diario “El Nacional”, salió publicado este texto en la página de opinión de Paolo Coelho. El título original es “Los nuevos emprendedores”… Desde entonces lo llevo siempre conmigo, está frente a mi pantalla de la computadora o en mis agendas de papel que no puedo dejar de tener… En su momento “me tocó muchísimo” porque yo justo estaba dando forma a un proyecto de emprendimiento social y poco había leído sobre el tema… Era “nuevo” para entonces… Lo decidí compartir por aquí, porque cada punto ha sido afín para mi, porque me identifico con el ánimo y el espíritu de su autora Pamela Hartigan, lo siento como en el corazón desde el primer día que lo leí…

Y sí, tal como dice Coelho es muy aplicable a todo tipo de emprendimiento, a veces cuando las “trabas” y los “bajones” son más que los visibles “avances”, en todos estos años este texto me ha recordado lo que de espíritu tanto creo… Por eso quiero compartirlo aquí, en mi actual “emprendimiento”, creo en las teorías y en formarse en esta área pero creo mucho en el corazón que le pongas y que sea honesto… Acá los dejo con el texto original:

PAMELA HARTIGAN, DIRECTORA de la Fundación Schwab, ha desarrollado una lista de 10 puntos en común entre las personas que, insatisfechas con el mundo que las rodea, deciden crear su propio trabajo. Pienso que la lista de Pamela va más allá del emprendimiento social (como se conoce a este nuevo mecanismo), y puede ser aplicada a muchas cosas que hacemos en el ámbito de nuestra vida diaria:

Impaciencia: quien persigue un sueño no se sienta a esperar que las cosas sucedan por sí solas:
ve en los problemas de ayer las oportunidades de hoy. Por su impaciencia, a menudo se ve obligado a cambiar de rumbo, pero esa adaptación es lo que le hace madurar.

Conciencia: quien persigue un sueño sabe que no está solo en el mundo, y que cada gesto suyo tiene una consecuencia. El trabajo que está haciendo puede transformar su entorno.
Siendo consciente de este poder, pasa a ser un elemento activo de la sociedad, y eso lo reconcilia con la vida.

Innovación: quien persigue un sueño cree que todo puede ser diferente de como es, pero para ello hay que buscar un camino que nadie haya recorrido. Aunque se esté siempre asediado por la burocracia, los comentarios ajenos y las dificultades para penetrar en una selva todavía inexplorada, hay que descubrir alternativas de hacerse oír.

Pragmatismo: quien persigue un sueño no espera a que le lleguen los recursos ideales para comenzar a trabajar: se arremanga y se pone manos a la obra. Cada progreso, por pequeño que sea, hace aumentar su confianza y la de quienes lo rodean, y los recursos acaban apareciendo.

Aprendizaje: quien persigue un sueño es, por lo general, alguien con un gran interés en un área determinada, y cuya capacidad de observación le lleva a encontrar nuevas soluciones para viejos problemas. Pero este aprendizaje sólo se logra a través de la práctica y de la renovación constante.

Seducción: nadie puede sobrevivir aislado en un mundo competitivo. Consciente de ello, quien persigue un sueño consigue que los demás se interesen por sus ideas. Y se interesan porque saben que están ante un proyecto original, comprometido con la sociedad, y que, además, puede ser lucrativo económicamente.

Flexibilidad: quien persigue un sueño tiene una idea en la cabeza, y un plan para llevarla a cabo. Sin embargo, a medida que avanza, se da cuenta de que tiene que adaptarse a las realidades del mundo que lo rodea, y a partir de ahí, su responsabilidad social se convierte en un factor crucial para la transformación del medio ambiente. Un ejemplo: para reducir la mortalidad infantil en una ciudad determinada, no basta con cuidar la salud de los niños; hay que modificar la estructura sanitaria, la alimentación, etc.

Perseverancia: quien persigue un sueño puede ser flexible en su camino, pero sin perder la concentración en su objetivo. Por sus ideas innovadoras, y por estar siempre moviéndose en terreno desconocido, nunca dirá:
“lo intenté, pero no dio resultado.” Al contrario, siempre busca todas las vías posibles, y los resultados acaban apareciendo.

Alegría: quien persigue un sueño pasa momentos difíciles, pero está contento de hacer lo que hace. Sus eventuales confusiones y errores no tienen nada que ver con su talento: es capaz de sonreír cuando da un paso en falso, pues sabe que podrá corregir su movimiento más adelante.

Contagio: quien persigue un sueño tiene la capacidad única de hacer que los que lo rodean perciban que vale la pena seguir su ejemplo y hacer lo mismo.

Por eso, aunque de vez en cuando pueda sentirse incomprendido, jamás se sentirá solo.

Pamela Hartigan concluye su estudio citando el ejemplo de un brasileño, Fabio Rosa, quien, al ver que su comunidad gastaba grandes cantidades de dinero en la compra de energía no renovable, desarrolló un sistema de energía solar. El trabajo de Fabio, que refleja los 10 puntos de su estudio y hoy es conocido en el mundo entero, “se ha contagiado” a las grandes empresas, y en poco tiempo millones de personas podrán beneficiarse de él y, al mismo tiempo, contribuir a la conservación del medio ambiente.

© Traducción:
Juan Campbell-Rodger.

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