Este emprendimiento

Mi profesión es periodista, como saben mis amigos y quienes leyeron algunos de mis reportajes semanales de Viajes, en el Diario Ultimas Noticias de Caracas desde 2001. Hay algo de esto en: http://www.facebook.com/pages/Salir-de-Casa/94823517714. Desde junio 2011 suspendido hasta nuevo aviso…

Y aquí voy con MandalasGourmet, este proyecto que se ha convertido en un sueño y no al revés… Que comencé en 2010 como les conté. Como sin mucha idea preconcebida, sin más que amor y deseos de hacer algo con el espíritu sublime de esos días, con la creatividad a flor de piel, con la necesidad de producir para la sostenibilidad y con la pasión por preparar algo rico y con las mejores energías posibles para que honrara a cada quien que lo tuviera en su paladar… Así me encaminé a dar con preparaciones que brindaran frutas frescas y chocolate en forma de mermeladas. Siempre convencida del valor del chocolate y del cacao venezolano, que pude conocer como periodista desde Higuerote a Paria, del Sur del Lago, así movida también por mi alma “chocolatera”. Para que quien llevara en sus manos una mermelada de MandalasGourmet tuviera esmero, gratitud y grandes dosis de amor en cada frasco.

Mis inversores, mis apoyadores. Fue fundamental el apoyo incondicional de mi familia. De José Antonio -mi hermano con quien comparto siempre lo quijotesco- con su inversión inicial para comenzar a comprar todo desde cero, para procesar una cantidad “mediana” de frutas, aunque “casero” de dimensiones que no existían en mi modesta cocinita que sirvió para experimentar. Cocina, termómetros, calderos, cajas de envases, kilos y kilos de frutas, diseño de etiquetas, etiquetas y un largo etc, que yo no estaba en capacidad de sufragar. En medio del experimentar hubo que acudir a mucha investigación y ayuda. Los comienzos duros, los tiempos de sembrar y de invertir, invertir y medio recuperar, o recuperar y casi nunca ganar, nada fáciles. Allí ha estado también mi hermano Héctor y su prole creyendo en mi con su aporte también incondicional  y allí mi madre, que me ha respaldado en los ratos más duros y bastantes frutas ha pelado junto a mi…

Un corto trayecto en el medio culinario formal. El hacer de la cocina “un trabajo” en mi vida era como una “ensoñación”, un no se que me decía desde hace muchos años querer estudiar cocina, aunque nunca se pudo, quizá no era momento o no puse empeño necesario…

En 2011 tuve mi primer y hasta ahora único acercamiento formal a cursos, estudié algo de chocolatería y también un curso corto en el Instituto Culinario de Caracas, de 3 semanas y un curso de 1 día de “Vegetales” en la Isla de Margarita en el Instituto Culinario y Turístico del Caribe. Y así, con muy poco me lancé a probar, con mucha osadía lo veo hoy. Aprendí lo muy básico y conseguí con Luciano Nori -un chef amigo de “Salir de Casa”, espléndido y de corazón noble- comenzar a trabajar el 1º de septiembre de 2011 como asistente de cocina en el recién inaugurado “Bora-Bora”, en la Isla de Margarita. Allí entendí del estrés de un restaurante, allí juré no seré más nunca impaciente cuando esté sentada del otro lado, en una mesa de un restaurante. Allí practiqué eso que me enseñó el I.C.C. de la disciplina, el orden, la limpieza en tu estación de trabajo y también de las jerarquías en una cocina.  Allí me tocó dar con el preciso “brunoise” en los cortes, con cuidar todos los mínimos detalles.

Allí reviví “Ratatouille”, para seguir entre películas de cocina, que siempre me han gustado. Era la única mujer en medio de un ejercito y tuve que: sobrevivir. Allí aprendí de las comandas todas para ya: “Marcha y sale” era el grito de las noches. Me estrené en plena temporada alta, estuve en el pantry con el chef Luis Pietri, siempre técnico y con paciencia para explicarme, concentrada desde la tarde en tener el mezclum de lechugas siempre limpio y sanito, en que no fallara la “mise en place” y a la hora del “abolle” correr emplatando ensaladas bien creativas y carpaccios a la vez, ¡una odisea! Nunca me imaginé esto, el estrés de los periódicos me ayudó a recordar que yo tenía aguante para la presión. Los otros dos Chefs José y Luciano, cada cual en su estilo también me enseñaron y me brindaron total apoyo. Claudio y Julio Requena, unos de los dueños, también siempre abiertos y apoyadores conmigo, no me puedo quejar. Luciano una de las tantas tardes estaba esmerado preparando sus masas para pasta esa vez con hojas de albahacas adentro, lo que me pareció un poema… Ante eso le dije ¡Cuanta paciencia tienes¡ A lo que respondió: esto no es paciencia, esto es “Amore”, su palabra favorita. Y así todos fajaos entre carreras cada noche, pero con amor por lo que hacían. Toda una escuela.

Allí entendí que la cocina de un restaurante grande no era para mi, son jornadas duras ya lo sabía, pero mi salud no daba para tanto. Salí admirando y respetando cada vez más la labor de la gente de la cocina y tratando de ser cada vez más humana como “comensal”.

Otra Escuela el ICTC-Margarita. Luego tuve la gran suerte de que me dejaran entrar en el equipo de Sumito Estévez en la Isla y participé en un par de trabajos en catering, era otra pausa y muchos otros aprendizajes… Me sentía como “aterrizada” en lo que siempre me había gustado, orgullosa por preparar abrebocas con pan de palo, malacho, reducción de jobito, mucho ají margariteño, por aquello de los “0” cero kms y apoyo a lo local, en lo que siempre he creído, encantada de verdad. Ahhh y los bombones de “piñonate” con queso de cabra, no cabía del orgullo al ver aquellos logros, del equipo de Sumito, con los ingredientes que siempre apoyé como periodista. De allí no se cómo di un salto cuántico y tuve la oportunidad de hacer unas suplencias en “Mondeque” el restaurante de Sumito en la Isla, todo esto gracias al apoyo de Sumo, Silvia Sacchettoni, Tomás, Javier y Norvic Piazza. La previsión, el orden, la limpieza, todo lo que me enseñaron en el I.C.C. y la “pasantía” en “Bora-Bora” en pocos días me sirvió. Luego las ganas de hacerlo bien y el esfuerzo por aprender y tratar de manejar el estrés. A los días agradecí de corazón esta puerta abierta y me descubrí con muy poca capacidad para llevar de modo saludable el estrés normal de un restaurante, aunque pequeño, fue un reto duro para mi ser aún aprendiz y no logré sobrellevar el estrés. Fue duro tomar la decisión de no poder continuar pero he aprendido a reconocer y respetar las propias limitaciones, esa es mi filosofía de vida. ¡Agradecida por todo el apoyo y por la confianza que me dieron, por siempre!

Devoción y entereza para dar lo mejor. Luego por aquello de perseverar y también por no querer dejar el “horizonte azulito de mi querida Isla”, lo intenté esta vez en un horario diurno, en otro restaurante, sencillo en la playa. Me llamó Sadhana Salunke, dueña del restaurante “The Temptation”, resultó ser que mi disciplina, responsabilidad y honestidad eran valores muy preciados en los restaurantes y esos, esos sí que los tenía. “No importa que no tengas mucha experiencia, me importa que seas honesta y quieras trabajar”, dijo esta mujer nacida en la India, luchadora como ella sola, con un trabajo devocional que no tengo duda lo lleva en los genes. Ha ido levantando un lugar con una esencia especial en Playa El Agua, donde los sabores son auténticos, los ingredientes de primera y la creatividad y el esmero en cada plato impresionante y admirable. Me reencontré con que: quien lucha lo logra, con poco se puede y el cariño y el esmero los merece cada cliente.

Sadhana tiene un gran sueño y eso la mantiene sin tregua día a día, siempre ha hecho labores devocionales y esta vez tiene su Fundación aliada con su restaurante con la que efectivamente lleva aliento a niños enfermos con cáncer en el “Hospital Luis Ortega”, de Porlamar. Allí estuve el tiempo que “humanamente” pude, ya el recordatorio de que el estrés de las cocinas de los restaurantes no lo podía sobrellevar, me hicieron partir, agradecida a todos, pero a todos en la Isla, por las grandes oportunidades y los aprendizajes que me dieron.

Decidí volver a mi emprendimiento y a retomar otras alternativas que creo son más ajustadas a mi propio ser. De Margarita a Mérida de vuelta…(mis dos lugares del país favoritos para vivir, donde he estado rodeada de naturaleza sanadora, donde hasta ahora mi alma se encuentra siempre en casa). Así revivieron los tarros llenos de alegría, esmero y amor por lo que se hace. Así también me estoy formando como Instructora de Masaje Infantil y así encaminándome a los cambios que la vida me va presentando…

Agradecida hasta el infinito. El feedback de cada cara desconocida en las degustaciones, el de los amigos, el de todos los que se han sorprendido por los sabores, la apuesta de los clientes en vender un producto nuevo y la convicción de que es valioso, nos mantienen día a día, trabajando y con alientos por los tiempos de cosecha, mientras se disfruta de hacer lo que gusta y de ganar para lo mínimo.  Aquí vamos, emprender es sueño de muchos en esta Venezuela, sobrevivir y mantenerse es el reto, aquí vamos poniéndole corazón y esperanza.

¡Gracias a todos por los apoyos en la vida!

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6 Respuestas a “Este emprendimiento

  1. Cada pedacito del blog es una invitación a viajar por la imaginación… Es finisimo cuando un producto, deja de ser producto, y se convierte en una historia para contar.

    Queriendo o sin querer, toda una inspiración.

    • Hola Gracias!!! Si, realmente fue una historia de puro amor y de amor del puro… que fue tomando forma en colores sobre mandalas y así en tarros de frutas dulces, así en medio de todo amor. La energía más sublime y poderosa del mundo, mi inspiración.
      Gracias por tu comentario. Aprovecho de dar gracias a la vida por darme la oportunidad de vivir cosas hermosas y de poco a poco haber ido aprendiendo a expresar el sentir en lo que hago, para compartirlo.
      ¡Gracias honestas por tus palabras y por tu percepción! Irma N.

  2. Maru

    Hola Yami. Te felicito! Que buena manera de encontrarte de nuevo. Saludos

  3. luciano nori

    muy bonito y buenissimo irma para adelante

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